En un desplante de puro instinto de supervivencia, Jorge Emilio González ordena a su bancada pintar su raya frente al oficialismo; la ambición del “partido bisagra” fractura la coalición gobernante y los condena a perder la mayoría calificada.
El mito de la invencibilidad y de la supuesta “unión indestructible” de la coalición gobernante ha colapsado. La codicia y el instinto de supervivencia del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) han propinado una puñalada por la espalda a Morena, desatando una guerra interna que marca el principio del fin de su control absoluto en el Congreso de la Unión.
La orden emitida por el verdadero dueño del negocio verde, Jorge Emilio González Martínez, a sus legisladores federales no pudo ser más cínica ni destructiva: “Es preferible chocar con Morena que contra Donald Trump”.
Estas palabras, que circulan con fuerza en los pasillos legislativos, destapan la suciedad de una alianza que nunca se construyó con ideales, sino con complicidades y reparto del presupuesto público. Al ver que el panorama internacional se complica y que las investigaciones y presiones desde Washington van en serio contra los abusos del oficialismo, el PVEM ha decidido aplicar su histórica especialidad: la traición por conveniencia. Prefieren dejar colgada a la dirigencia de Morena y frenar las reformas más radicales antes de arriesgar sus propias carteras y cuentas personales ante el ojo de la justicia estadounidense.
Las consecuencias de este divorcio por conveniencia son devastadoras para el bloque oficial:
- Pérdida de la mayoría calificada: Al separarse el Partido Verde de la disciplina que imponía Morena, el oficialismo pierde de manera inmediata los votos necesarios para modificar la Constitución a su antojo. El sueño de un partido único y de la destrucción de las instituciones autónomas se ha esfumado.
- Guerra civil en las cámaras: Lo que antes eran aplausos coordinados hoy son reclamos y acusaciones de “traición” y “paleros”. Los morenistas han comenzado a reclamar con rabia el oportunismo de un partido que creció gracias a los votos que ellos les regalaron, mientras que los verdes responden advirtiendo que “sin ellos, Morena simplemente no pasa”.
- Desmoronamiento del control territorial: Esta fractura legislativa ya comenzó a replicarse en los estados de cara a los próximos procesos electorales, donde las dirigencias de ambos partidos se declaran la guerra abierta por las candidaturas, debilitando sus estructuras locales.
El Partido Verde ha vivido décadas funcionando como un parásito del sistema, vendiéndose según sople el viento. Que hoy Jorge Emilio González decida pintar su raya y pintar de distancia su relación con el Gobierno Federal, es la señal más clara de que el barco de la llamada transformación se está hundiendo.
A Morena se le acabó la fiesta de la soberbia parlamentaria. La soberbia de creerse intocables chocó de frente con el miedo de sus propios aliados, quienes no están dispuestos a hundirse con el régimen. El quiebre entre Morena y el PVEM demuestra que el poder absoluto edificado sobre el chantaje es frágil. Al final del día, los criminales de cuello blanco que manejan el negocio del ecologismo de clóset han decidido salvar su propio pellejo, dejando al descubierto que la fuerza del oficialismo era solo un espejismo sostenido por mercenarios. ¡El bloque de la impunidad se ha fracturado para siempre!
